Es cuando el campo aspira
la humedad de la noche
y brilla el árbol solo
bajo un fulgor de estrellas
Es cuando el pasto emana
olor a manzanilla
y conversan muy bajo
chicharras y luciérnagas
Es cuando ladran mansos
los perros a la luna
y la quietud se esparce
sobre la fresca hierba
Cuando el agudo silbo
de algún tren vagabundo
se aleja entre la bruma
de las nostalgias quietas...
es que busco mi sombra
y camino con ella.
CANCIÓN DE INVIERNO
Me gusta en
el invierno
ver acallarse
el árbol
Deshojando en
un rito,
los oros del
verano.
Ver
extenderse en ruego,
los brazos
resignados
Encauzando
raices
en el tibio
regazo.
Me gusta
contemplarte,
enlazadas las
manos
Junto al leño
encendido
Los sueños
divagando
Oir el viento
errante
con su silbo
lejano
Cómo intima
recuerdos
Y sentirte a
mi lado.
NOCTURNO
En el cuarzo
dormido de la tarde
Deshojada de
lluvia vaga el alma
Hay un perfume
agreste sensitivo
Olor a tierra
tibia, piel mojada.
Baja un manto de
noche, plenilunio
Entre las
blondas nubes que se abrazan
Y en el arroyo
manso, nocturnales
Dan las ranas
acordes de vanguardia.
LLUEVE
Llueve despacio, como si quisiera
Adormecer susurros en un canto
Está quieta la tarde, entristecida
Ya desnudan los árboles sus brazos.
Se va muriendo lento, acompasado
El último vestigio del verano
Y una mansa nostalgia de horas viejas
Sobre los vidrios húmedos va ahondando.
LOS PÁJAROS
Los pájaros…
¡Pasé
tanto tiempo sin oírlos!
hasta
diría que enfermé de ausencia
al
no escuchar el ritmo palpitante
en
el plumaje de las ramas quietas.
No
sé si fueron siglos o minutos
sólo
sé que el autómata que a cuestas
llevaba
mi alma por doquier en sombra
desde
una sala a otra estaba alerta
Mas...
hoy
de pronto me llamó la tarde
fue
en el descuido de una hendija abierta
se
desprendió mi alma del verdugo
y
me abracé de pájaros y sendas.
PLENITUD
Siento que se va irguiendo en lontananza
Un castillo de sol sobre la arena.
Molduras que hizo el tiempo en la argamasa
Que van desde la onda a la marea.
Con los pies sumergidos en rocío
Y las manos de luceros repletas
Fui sedienta a la fuente diamantina
Que da la aurora a quien ansioso espera.
Y me hundí en los crisoles del mañana
Hasta ahogarme en su savia
cristalina
Y provoqué a la abeja y a las aves
Para saciar mi sed, polen bebía
Y deshojé la rosa, herí la carne
Apuré el néctar que en mi boca ardía
Y junto al viento abrí dos alas blancas
para no sucumbir, pues soy la vida.
El parque está
silente...
La luna entre
los sauces
(espía de los
siglos)
cansada se
adormece.
Todo es móvil,
inquieto
tras su
apariencia estéril.
Fotografías de internet







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